Escuela Clásica de la Administración
La Escuela Clásica de la Administración es una de las corrientes fundamentales en la historia de la administración. Nació a finales del siglo XIX y principios del siglo XX como una respuesta a los desafíos que surgieron con la Revolución Industrial, un período marcado por la rápida expansión de las industrias y la complejidad creciente de las organizaciones. Este enfoque se caracterizó por buscar principios universales para gestionar las organizaciones de manera más eficiente y eficaz. Entre las principales ramas de esta escuela destaca la Administración Científica, cuyo principal exponente fue Frederick W. Taylor.
1.1 Administración Científica
Representante principal: Frederick W. Taylor
Frederick Winslow Taylor, conocido como el "padre de la administración científica", fue un ingeniero mecánico estadounidense que revolucionó la manera de entender el trabajo dentro de las organizaciones. Taylor nació en 1856 y trabajó en diferentes niveles jerárquicos dentro de la industria, lo que le permitió observar de cerca los problemas que enfrentaban tanto los trabajadores como los gerentes. Su enfoque consistió en aplicar métodos científicos al estudio de las tareas, buscando maximizar la eficiencia y la productividad.
Contribuciones
- Estudio sistemático del trabajo
Taylor fue pionero en analizar el trabajo de forma científica, un enfoque que contrastaba con la administración empírica basada en la intuición o la experiencia personal. A través de observaciones meticulosas y el uso de herramientas como el cronómetro, descompuso las actividades laborales en pasos individuales para identificar los movimientos y tiempos que no aportaban valor.
Este enfoque permitió estandarizar los métodos de trabajo, eliminando el desperdicio y mejorando los tiempos de ejecución. Por ejemplo, en la industria del acero, Taylor desarrolló técnicas específicas para optimizar el manejo de materiales pesados, como la pala, lo que permitió aumentar significativamente la productividad.
- Principios de eficiencia y estándares de productividad
Taylor formuló una serie de principios que buscaban establecer un marco científico para la administración:- Selección científica del personal: Consistía en identificar a los trabajadores más idóneos para cada tarea, basándose en sus habilidades y aptitudes. Esto eliminaba la asignación arbitraria de tareas y mejoraba los resultados.
- Capacitación sistemática: Taylor propuso que los trabajadores fueran entrenados de manera metódica para ejecutar sus tareas siguiendo los métodos más eficientes. Esto aseguraba la uniformidad en el desempeño.
- Supervisión funcional: En lugar de depender de un único supervisor general, Taylor sugirió que los trabajadores estuvieran bajo la dirección de supervisores especializados en áreas específicas, lo que mejoraba la supervisión técnica.
- División del trabajo y cooperación entre trabajadores y gerentes: Abogó por una relación de colaboración, donde los gerentes diseñaban los métodos de trabajo más eficientes y los trabajadores los ejecutaban siguiendo los estándares establecidos.
Estos principios no solo aumentaban la productividad, sino que también reducían la fatiga de los empleados al simplificar sus tareas y eliminar movimientos innecesarios.
Aplicaciones prácticas
- Optimización de procesos
La optimización de procesos fue una de las principales contribuciones de la Administración Científica. Taylor implementó la estandarización de herramientas y procedimientos, lo que resultó en una producción más rápida y menos costosa. Un ejemplo célebre fue su trabajo en la Bethlehem Steel Company, donde diseñó métodos para cargar lingotes de hierro más eficientemente. Esto no solo aumentó la producción diaria, sino que también redujo el desgaste físico de los trabajadores.
Otro aporte fue la introducción de estudios de tiempos y movimientos, realizados en colaboración con Frank y Lillian Gilbreth. Estos estudios permitieron identificar los métodos más rápidos y efectivos para completar tareas, lo que benefició tanto a las empresas como a los empleados al reducir los tiempos de trabajo y mejorar la precisión.
- Introducción de incentivos para empleados
Taylor propuso sistemas de compensación basados en el rendimiento, como el pago por pieza, que recompensaban a los trabajadores por alcanzar o superar los estándares de productividad. Este enfoque buscaba motivar a los empleados a ser más eficientes, alineando sus intereses personales con los objetivos de la organización.
Un ejemplo práctico fue la implementación del sistema de tarifas diferenciales, en el que los trabajadores recibían una tarifa más alta si lograban superar los estándares establecidos. Esta política incentivó a los empleados a trabajar más duro y de manera más eficiente, beneficiando tanto a los trabajadores como a las empresas.
Impacto y críticas
El impacto de la Administración Científica en la industria fue enorme. En términos positivos, permitió:
- Incrementar la eficiencia operativa de las empresas.
- Reducir los costos de producción.
- Generar modelos estandarizados que todavía se aplican en la administración moderna.
Sin embargo, también surgieron críticas hacia el enfoque de Taylor. Uno de los principales puntos de crítica fue su visión mecanicista del trabajo, que tendía a tratar a los empleados como partes de una máquina, ignorando sus necesidades emocionales y sociales. Los trabajadores eran vistos como engranajes que debían cumplir con tareas repetitivas y predefinidas, lo que podía llevar a la desmotivación y el agotamiento.
Además, la rigidez de los métodos científicos propuestos por Taylor a veces chocaba con la naturaleza cambiante y dinámica de las organizaciones. Esto generó la necesidad de complementar la Administración Científica con enfoques más humanistas, como los desarrollados por la Escuela de las Relaciones Humanas.
Influencia en la administración moderna
A pesar de sus limitaciones, los principios de la Administración Científica siguen siendo relevantes en la actualidad. Muchas empresas modernas aplican técnicas derivadas del trabajo de Taylor, como la mejora continua, el análisis de procesos y los sistemas de compensación basados en resultados. Además, los conceptos de eficiencia y optimización han sido adaptados a nuevas tecnologías, como el uso de software para el análisis de datos y la automatización de procesos.
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